Emoción

No soy mucho de llorar. Generalmente soy más reservado en cuanto a mis sentimientos. Y si bien a veces siento pena, jamás llego al nivel de llorar. Pero, por alguna razón, al despedirme de mis amigos y compañeros lucernos el domingo en la Comic Con, rompí en llanto.

Aunque nos hayamos conocido principalmente por internet, a pesar que a dos no los conocía en persona, a pesar que solo nos hemos visto las caras por fotos, a pesar que hasta ese momento solo habíamos hablado por escrito (salvo algunas grabaciones por WhatsApp)... Verlos en persona y abrazarlos fue totalmente distinto, además de compartir prácticamente todo el fin de semana en un stand que tal vez no superaba los tres metros cuadrados (soy malo estimando medidas). Pero a pesar que era la primera vez que nos conocíamos en vivo y en directo, hablábamos, compartíamos y hueveábamos como si nos hubiéramos conocido desde siempre. Esto demuestra que tenemos mucho en común entre nosotros, y que formamos un gran equipo, tanto artística como afectivamente. Por eso lloré: porque ya no me podía imaginar estar al otro día sin ellos cerca para seguir dibujando y compartiendo, los tendría ya a más de mil kilómetros de distancia.

De verdad, chicos: conocerlos y estar juntos estos dos días fue lo mejor que me pudo haber pasado. Espero que nuestros destinos se crucen de nuevo y nos podamos reunirnos en una nueva ocasión. Yo, por mi parte, seguiré viendo el fanzine que hicimos, orgulloso del trabajo que hicimos todos juntos.

Los quiero un montón.


De izquierda a derecha: Luis Volke (yo), Diego Schmidt, Lira Kraunik y Pilar Naturali.

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